viernes, 27 de noviembre de 2015

Hacia los Estados Unidos de Europa

La Unión Europea vive momentos difíciles, motivados  en parte por la recesión económica tan brutal de los últimos años, el envejecimiento progresivo de su población y la falta de expectativas laborales, mientras aparecen nuevos retos comunes  que afrontar para los Estados que la integran. Tales retos son, entre otros, la política antiterrorista frente a la locura yihadista, la acogida del gran ingente de refugiados sirios y el difícil cumplimiento de acuerdos internacionales como el de Schengen. Sin embargo, no son los únicos: el desafío secesionista y absurdo  catalán, la eterna crisis griega o la concreción de medidas fiscales más efectivas, son algunas de las preguntas que necesitan una urgente respuesta.
 
Frente a todo esto, más si cabe teniendo en cuenta que la Unión Europea es fundamentalmente monetaria (para algunos exclusivamente monetaria), son muchos los autores que han ido hilvanando la idea de una verdadera federación de Estados, al estilo norteamericano, que haga un proyecto europeo mucho más sólido e integrado, permitiendo hacer frente a los retos planteados.
 
En un mundo totalmente ya globalizado, sería un error pensar abordar muchos de los mencionados retos por separado, siendo quizá el momento de dar un paso más adelante, buscando lo que nos une y obviando lo que nos separa. El tiempo apremia y la posible solución podría ser caminar hacia lo que algunos denominan los Estados Unidos de Europa.

viernes, 9 de octubre de 2015

Nuestro modelo económico

El modelo económico español siempre ha estado profundamente marcado por una elevada estacionalidad, vinculada sobre todo al sector servicios, unida a la preponderancia de las pequeñas y medianas empresas en el panorama de nuestro mercado de trabajo. Éstas no tienen por sí solas la capacidad suficiente para crear un gran número de puestos de trabajo, puesto que hablamos mayoritariamente de autónomos y pequeñas empresas familiares en la mayoría de los casos, con muchas dificultades para tener acceso al crédito y para pagar la nómina a sus empleados. Eso por no hablar de la excesiva burocracia a la que se enfrentan y los altos costes salariales a los que hacen frente en su día a día. Montar una empresa se convierte en la mayoría de los casos en todo un ejercicio de heroicidad contemporánea.
 
Existe, por otro lado, una realidad aparte para las empresas más grandes (no sólo las del IBEX 35), tanto a nivel fiscal como financiero. Parecen jugar una liga aparte en la que se hace casi imposible entrar. Los poderes financieros juegan aquí un papel fundamental en la consolidación de este entorno empresarial.
 
Nuestro modelo económico, anclado en soluciones aún demasiado conservadoras, necesita afrontar una serie de retos tales como la internacionalización y la transformación tecnológica, amén de adaptarse a un mundo cada vez más globalizado y disruptivo. Ya no sirven las medias tintas, aquellas empresas que reúnan el mayor talento y sean capaces de convertirse en empresas innovadoras y globales serán las únicas capaces de sobrevivir entre la cada vez más creciente competencia.
 
El estallido de la burbuja inmobiliaria ha puesto de relieve la imperiosa necesidad de una transformación empresarial de primer orden. En palabras de Javier Santiso: "España debe cambiar para pasar de ser una sociedad de trabajadores autónomos y desempleados a un país con empresas más punteras y grandes. Hay talento, pero hace falta convencerse de que el salto es realizable". Este profesor de Esade habla incluso de una España 3.0 que necesita de un reseteo masivo.
 
El modelo económico español necesita reinventarse, acabar con la cultura del ladrillo y la rotonda, y sobre todo adaptarse de una vez por todas al siglo actual, convirtiéndose en el gran generador de empleo que todos esperamos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Circo mediático

Los platós de televisión se han convertido de un tiempo a esta parte en un verdadero entretenimiento mediático, en un circo romano en su sentido más amplio, donde alquilan nuestro tiempo e intelecto para que pensemos lo menos posible. Nos mediatizan hasta límites insospechados. Se han convertido en una especie de opiáceo que nos vuelve a todos hacia un estado de imbecilidad cada vez más difícil de curar y soportar. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol.
 
Lo novedoso es como la televisión se está convirtiendo en verdadera sede parlamentaria donde desfilan un sinfín de personajes públicos a contarnos la proclama de turno, más si cabe en un año trascendental como es este 2015, y a encontrar soluciones para todo. La utilización del medio como tal no es que me parezca mal, hasta cierto punto es lícito. Lo preocupante es que solamente se quede en eso y no existan nada más que la apariencia y la verborrea. Resulta insultante ver como verdaderos caraduras vomitan un programa preparado lleno de frases hechas, en el que nunca se dan soluciones concretas salvo en contadas excepciones. Aburren a cualquiera. Por mucho que rasques, cuesta encontrar alguna frase inteligente y que no se prepare para la ocasión.
 
Eso por no hablar de otro tipo de programas que alquilan el tiempo de la gente, dónde la audiencia manda y marca el ritmo de las cadenas televisivas. Personajes que dudo si alguna vez han leído un libro o visitado un museo, pero que ocupan la pantalla como semidioses o diosas con el caché más elevado que un Premio Nobel. Algo está fallando cuando en nuestra sociedad estos son los ejemplos a seguir de cualquier adolescente. No es que me oponga a la televisión en sí misma, una cosa es la actualidad, el entretenimiento y la denuncia social, eso es innegociable, y otra este verdadero show business que parece no tener fin. Me pregunto que pasaría si apagásemos la televisión todos a la vez.

lunes, 10 de agosto de 2015

Cambio de modelo

Me cansa ya escuchar eso de que no estamos ante una crisis sino ante un cambio de modelo, no hay medio de comunicación que no nos lo repita y nos martillee todos los días con la misma canción. Pero por mucho que me joda escucharlo hasta la saciedad, me temo que hay algo de cierto en ello.
Probablemente exista una ruptura entre lo anterior y el presente, entre lo ulterior y nuestro futuro más próximo. Es totalmente posible, no digo que no. Probablemente no volvamos a conocer el mundo tal y como nos lo habían vendido hasta ahora: estudios universitarios con futuro, trabajo estable y bien pagado, con posibilidad de ascenso o cambio de empresa, hipotecados de por vida porque el alquiler es tirar el dinero, coche de alta gama y vacaciones con todo incluido gracias a endeudarse aún más si cabe, mujer e hijos y amante (el orden no altera el producto), etc. Suena bien, hasta que llegan los de Lehman Brothers y compañía y comienza la fiesta de los mercados.
 
Pero llegados aquí, y sin tener una varita mágica que arregle el entuerto, no queda más remedio que o quejarse y no hacer nada o intentar adaptarse al medio y buscar soluciones, aprendiendo a sacar la parte positiva a toda esta sinrazón.
 
Probablemente empezaremos a vivir mucho más de alquiler que lo hicieron nuestros padres y abuelos, dedicaremos parte de nuestra vida a movernos por el mundo en busca de estudios y trabajo (no quedará más remedio), las nuevas tecnologías nos proporcionarán otros modelos diferentes de negocio, quizá perdamos el miedo a emprender y borremos la palabra fracaso de nuestro obsoleto diccionario. Algunos, además, redescubriremos el medio rural y sus posibilidades. Entenderemos por fin la importancia de participar en la vida política y aprenderemos de errores pasados. Quizá también se trate de un cambio de modelo productivo, donde ganará cada vez mayor presencia la economía colaborativa y los makers (quién quiera sobrevivir tendrá que producir y vender algo, ya sea algo material o simple conocimiento). Estamos por tanto ante un cambio de modelo en el que sobrevivirá el que mejor se adapte.

lunes, 13 de julio de 2015

Back to basics (Volver a lo básico)

A veces es necesario dar un paso atrás para dar dos hacia adelante. Es necesario un parón en el camino y que el mundo continúe su curso si le da la gana. Hay momentos en los que es del todo imprescindible volver a lo más básico y esencial de nuestro ser, a nuestro estado más original. Se trata también de un viaje interior, si se quiere introspectivo, una auténtica llamada a lo esencial y primigenio. Una vuelta hacia lo más sencillo de nuestra existencia para demostrarnos que otra sociedad es también posible.
 
Por bucólico que nos parezca, más si cabe viendo el momento económico actual, debemos volver a los pueblos y ciudades pequeñas, aprender a vivir con lo necesario que nos brinda la propia naturaleza, aprovechando sus recursos y desarrollando ideas novedosas que nos permitan vivir y mejorar el nivel de vida de nuestros vecinos. El autoconsumo, la agricultura ecológica, las cooperativas... pueden y deben permitirnos una vida diferente y auténtica.
 
Contamos además con la ayuda de las nuevas tecnologías para impulsar nuestros negocios. Vivimos en un mundo hiperconectado que nos permite desarrollar actividades siempre y cuando haya acceso a internet. La Administración debe tomar buena nota y propiciar este contexto.
 
Debemos aprender a vivir de otra manera. No se trata de hacerse rico y tener propiedades. Me pregunto en qué momento nos creímos con derecho a la propiedad, no vamos a llevárnosla al otro mundo. Seamos más europeos en ese sentido: vivamos de alquiler y no atados a una hipoteca de por vida, consumamos aquello que producimos nosotros mismo, reutilicemos aquello que no utilizamos y no tiremos más comida de forma innecesaria. Se trata de abrir más la mente y aprovechar los recursos y posibilidades que nos ofrece el entorno. Cambiemos en definitiva nuestra manera de vivir: "Back to basics" amigos.

viernes, 26 de junio de 2015

Boom gastronómico

Decir que nuestro país es un referente a nivel internacional en materia gastronómica y agroalimentaria no es decir precisamente nada nuevo. De hecho, si por algo somos mundialmente conocidos, a parte de nuestra actividad turística, es precisamente por la calidad de nuestros productos y el nivel de nuestra gastronomía. Son quizá nuestros mejores embajadores.
 
Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a un verdadero boom en materia gastronómica con la innegable ayuda de los medios de comunicación y una mayor cultura gastronómica a nivel nacional. Abundan los reportajes y programas televisivos especializados de cocina, incluso para los más pequeños, muchos de los cuáles ya no quieren ser de mayor futbolistas sino cocineros importantes. Se multiplican las escuelas de cocina y los estudios relacionados, se abren restaurantes y se celebran ferias gastronómicas o de tapas por toda la geografía nacional. Se han popularizado las catas de vino, queso y cervezas artesanales, y los mojitos y gintonics se han puesto de moda, sin olvidarnos de la tortilla de patata y el jamón.
 
Por otro lado, cada vez hay mayores reconocimientos nacionales e internacionales para muchos de nuestros restaurantes y cocineros, algunos de los cuales ocupan cada vez mayor presencia en los medios de comunicación, son los nuevos reyes de la pequeña pantalla. También se ha popularizado, en tiempos de crisis, la creación de negocios relacionados como refugio ante la crisis (restaurantes, gastrobares, tiendas gourmet...).
 
Además, nuestros productos se exportan cada vez en mayor número y calidad, consumiéndose en medio planeta. Nuestra gastronomía se está convirtiendo en nuestra principal tarjeta de presentación. Hoy en día todo el mundo conoce a los Ferrán Adriá, Quique Dacosta, David Muñoz, Arzak, Berasategui, Chicote, José Andrés... Son marcas consolidadas y buques insignia de nuestra cocina. Verdaderos abanderados de este boom gastronómico. ¿Estamos ante una burbuja gastronómica?

domingo, 14 de junio de 2015

Más ideas y menos títulos

El modelo educativo de nuestro país vive entre la involución constante y el anacronismo, sigue siendo una especie de estructura demasiado jerárquica y poco práctica, totalmente desconectada del mundo en el que vivimos y centrada en la preparación de cerebros alienados para la preparación de oposiciones.
 
Nos han formado dentro de un modelo rígido, poco empático, y tremendamente obsesionado con el ejercicio de memorizar, que no de aprender. Formamos demasiada gente capaz de tragarse demasiados tomos a modo de recetas mágicas, que vomitamos hasta la última coma en el examen final. Preguntamos poco y mal. Nuestro modelo es poco práctico y demasiado teórico.
 
A esto hay que sumar que somos una generación acostumbrada a coleccionar títulos, como quién colecciona propiedades inmobiliarias, algo bastante habitual en nuestro país. Se apodera de nosotros una especie de coleccionismo ilustrado que nos hace olvidar la verdadera razón de ser del modelo educativo. Además, nos enseñan, mejor dicho instruyen, para no cuestionarnos absolutamente nada. Solamente se trata de ser auténticos "traga-libros" que adornan las paredes de nuestra habitación con una colección de diplomas que al empleador simplemente le da igual, porque lo que busca es mano de obra cualificada o sin cualificar. De ahí viene en parte la frustración de toda la llamada generación mejor formada de este país, que busca acomodo fuera de nuestras fronteras.
 
¿Por qué seguimos educándonos en un sistema tan obsoleto? ¿Por qué un papel tan jerárquico del profesorado? ¿Por qué no adaptarnos a las profesiones del futuro y dejar de producir hornadas de gente solamente con un título que es papel mojado? El sistema, me da igual profesorado que establishment como tal, aún no se ha dado cuenta que los chavales se aburren en clase porque tienen a su alcance mucha más información en la Wikipedia. Talento potencial desaprovechado por hacerles estudiar cosas que no le servirán de nada en el futuro. Más ideas y menos títulos.
 
Poco a poco, no sin retraso a comparación de otros países, empezamos a utilizar las plataformas de enseñanza online y los cursos en abierto (MOOCs). Nos llevan años de ventaja en otros sitios, pero se vislumbra un nuevo sistema de conocimiento. Afortunadamente, en España hay excepciones como las Escuelas de Negocios, algunas de las cuales se encuentran entre las mejores a nivel mundial. Otra cosa es el precio y la exclusividad que ofertan. No todo el mundo accede a ellas y no todo el mundo puede permitírselas. Como punto final un apunte, ninguna de nuestras universidades se encuentra entre las mejores del mundo, si se tratase de nuestros equipos de fútbol estoy convencido que pondríamos el grito en el cielo. El futuro de este país pasa por resetear el sistema educativo.

jueves, 28 de mayo de 2015

¿Y por qué no un Silicon Valley español?

Vivimos en un mundo cada vez más global y tecnológico, dónde las tecnologías de la información y la comunicación cobran cada vez mayor relevancia. Asimismo, tenemos a la generación más preparada de este país infrautilizada y con pie y medio fuera de nuestras fronteras. Seguimos apostando por un país que basa su modelo productivo en el ladrillo, el boom inmobiliario y la prestación de servicios, incapaz de desligar la economía privada del sector público y el capitalismo de amiguetes. Urge una España nueva y reinventada. Un país mucho más acorde a como avanza el mundo y que sea capaz que aprovechar el talento desaprovechado.
 
En ese panorama socioeconómico, tremendamente marcado por los tiempos que corren, me asalta la duda de si sería posible la creación de un Silicon Valley español, y la respuesta es rotunda, sí. Vaya por delante que no se trata tampoco de copiar modelos sino más bien de un cambio de paradigma, de reseteo mental si se prefiere. Las razones me parecen cuanto menos claras y concisas.
 
En primer lugar, este país necesita resetearse y cambiar su modelo productivo. Es lo que Javier Santiso, profesor de Esade, denomina la "España 3.0", un país perfectamente posible dónde no sólo existan autónomos y parados, sino las empresas más punteras y grandes, tecnológicas e industriales, capaces de emplear a miles de personas y abanderar un cambio económico y empresarial. Un país dónde sea posible un camino hacia el futuro con el pasaporte hacia el éxito asegurado.
 
En segundo lugar, se trata de retener y también de atraer al mayor talento posible, alrededor del cual es perfectamente factible crear algo importante e innovador. No sería la primera vez que en este país creamos precisamente un clima favorable en ese sentido, pensemos en el deporte o en la gastronomía. Si hoy somos un referente en esos campos es por la inversión, no solamente económica, que durante décadas hemos realizado desde los sectores público y privado. Recogemos ahora el fruto al esfuerzo dedicado durante tanto tiempo por deportistas y cocineros que arriesgaron en su día por crear escuela.
 
Por último, es necesario emprender un cambio de rumbo hacia una economía diferente, creativa, digital e industrial, que permita la creación de puestos de trabajo, directos e indirectos, y lo más importante, de calidad. La revolución industrial ya está aquí y llegó para quedarse, ¿de verdad vamos a desaprovecharla?. Ante la España de aeropuertos vacíos y rotondas inútiles, se hace necesaria una reinvención económica, empresarial, cultural y digital. Lanzo humildemente desde aquí el guante, para quién quiera recogerlo: ¿Y por qué no un Silicon Valley español?

viernes, 15 de mayo de 2015

Nosotros, los jóvenes

Hoy hace cuatro años del tsunami social del 15M, cuatro años desde que la gente joven se cansó de este sistema absurdo que no nos representa. Vaya por delante que esto no va de ideologías, nunca he creído en ellas, nublan demasiado la vista y no dejan avanzar a la razón humana. Prefiero la palabra, es mucho más poderosa, dónde va a parar.
 
Hoy hace cuatro años que comenzó un período de redefinición social y política en este país, de búsqueda de reafirmación y de espacios de encuentro. Hay quién se lo tomó a broma, como si fuese algo pasajero, sin importancia. Me gustaría saber que opinan precisamente ahora los que les empieza a temblar el suelo.
 
Algunos no se han enterado que nosotros somos el futuro, el presente que vivimos solamente es el primer paso en la avenida del progreso. Algunos siguen sin creer que la única solución posible para este país pasa por la gente más joven, la generación más preparada que ha visto nunca España. Pero les da miedo apostar por las ideas y la sociedad del conocimiento. No ven más allá de la baldosa que pisan.
 
Sin talento y sin meritocracia esto no tiene ningún atisbo de futuro. El grado de desarrollo de un país no se mide por el número de autopistas que construye o por el número de aeropuertos infrautilizados que posee. Se mide por la capacidad de innovación que es capaz de implementar en su modelo económico, por su modelo social y educativo y, sobre todo, por la capacidad de atraer talento hacia él, evitando que la cantidad de mentes maravillosas que poseemos se vean obligadas a cruzar la frontera en busca de oportunidades negadas intramuros. El talento que no utilizas lo utilizan otros, y además no vuelve, no es un boomerang.
 
Padecemos una lacra mental que coloca al frente de nuestros asuntos al tonto del pueblo y desaprovecha, incomprensiblemente, al más capacitado. Las murallas mentales son generalmente difíciles de derribar. Pero que nadie tenga duda que al final y, a pesar de la herencia que nos dejan, nosotros los jóvenes guiaremos nuestro futuro.

lunes, 20 de abril de 2015

La sociedad del "nosotros"

Cada vez estoy más convencido que avanzamos hacia un nuevo modelo de sociedad, alejada progresivamente del "yo" y encaminada de forma cada vez más nítida hacia el "nosotros". Tengo la sensación de dejar atrás un modelo obsoleto y anacrónico basado en la más estricta propiedad (no me parece casual la abundancia de pisos en propiedad), que tiene que ver más con una sociedad pseudomedieval en el más amplio sentido.
 
Esta transición o cambio de modelo es palpable en los más variopintos ámbitos y sectores, desde el civil (cada vez existen mayor número de asociaciones y plataformas civiles de diversa índole) al político (con la aparición de nuevas formas de participación política, movimientos políticos, etc.), pasando por el mundo empresarial (con nuevos modelos de negocio basados en la economía colaborativa, cooperativismo, coworking, networking...).
 
El momento actual nos hace repensar nuestro modelo cívico, preocupado desde hace tiempo por un individualismo y humanismo desmesurado y mal entendido. Sin embargo, los colectivos ganan espacio en todos y cada uno de los diferentes ámbitos humanos. Existe, por otro lado, un hecho fundamental que podría explicar en parte ese cambio disruptivo, la aparición de nuevas formas y herramientas de comunicación e interacción entre usuarios, posibilitando la aparición de nuevos movimientos sociales (que hubiera sido del 15M sin redes sociales) y causas comunes en la red (véase Change.org).
 
La propia tecnología ha iniciado un proceso sin retorno, ya maduro aunque cambiante, en el que se comunica de muchos a muchos y no tradicionalmente de uno a otro, y en el que surgen espacios de colaboración e interacción social. Vivimos ya en una especie de sociedad-beta que camina inconfundiblemente hacia el "nosotros".

jueves, 9 de abril de 2015

Turismo y Nuevas Tecnologías

El sector turístico es una de las actividades más importantes de nuestro país, representando un porcentaje importante del PIB nacional y generando gran cantidad de puestos de trabajo, convirtiéndose además en elemento dinamizador de zonas geográficas y repercutiendo ya sea de forma directa o indirecta en sectores como el comercio, la hostelería y otro tipo de servicios. Somos un referente internacional como destino turístico y cada año incrementamos el número de visitantes a nuestro país. Si en algo nos hemos convertido es precisamente en un icono empresarial de este sector, ganándonos una merecida fama internacional.
 
Ahora bien, teniendo en cuenta cómo evoluciona este mundo cada vez más global y competitivo, debemos apostar de una manera más nítida y decidida por las nuevas tecnologías aplicadas al turismo. La visión tecnológica del sector en España es aún parcial. El esfuerzo institucional y empresarial en este sentido debe estar mucho más acompasado para formar una de las piedras angulares sobre la que asentar las políticas de promoción, difusión y comercialización turísticas. No se trata de grandes cantidades presupuestarias ni de esfuerzos económicos inviables e irrealizables. Se trata más bien de un cambio de mentalidad hacia un ecosistema digital, open your mind!!!
 
La digitalización del mundo hace tiempo que empezó a andar y el turismo no puede quedarse en la frontera del sol y playa ni en la moda del turismo rural. Debe adaptarse aún más rápido al mundo que nos rodea y sacar el máximo beneficio posible de las nuevas oportunidades tecnológicas. Al fin y al cabo, como actividad económica, debe burlar la calle de lo tradicional y tomar la avenida del progreso. Adaptarse o morir. Innovación y adaptación a los nuevos tiempos.

sábado, 21 de marzo de 2015

Reseteando España

Parece evidente que nuestro país necesita una serie de cambios profundos y sin ningún tipo de divagaciones, que nos ayuden a salir del atolladero en el que nos encontramos actualmente. Sin ánimo de hacer una lista interminable, el momento actual está para eso, me limitaré a apuntar solamente aquellos que me parecen de mayor importancia.
 
En primer lugar, sin entrar en el tema de las listas abiertas y de la ley electoral, creo que el problema fundamental de la política tradicional radica en que siguen mirándose frente a frente y retándose, sin entender que el tablero político ha cambiado y las piezas de ese ajedrez metafórico, vulgo ciudadanía, nos hemos ido hace tiempo porque nos aburren y desesperan. Se buscan nuevas reglas y entrarán también a jugar nuevos players.
 
En materia social, se han venido abajo todos aquellos derechos que consiguieron nuestros padres y abuelos. Además, nuestra capacidad de esfuerzo no es ni de lejos la suya. Existe una gran confrontación entre el debe y el haber de todas las formaciones políticas. La oferta y la demanda sociales están completamente desacompasadas, especialmente en unos momentos tan duros como los actuales. Las personas parece que importan menos que los bancos.
 
La sociedad avanza a un ritmo superior al resto de ámbitos, va muy por delante de las esferas políticas, financieras, jerárquicas... y demanda un nuevo escenario civil. Avanzamos en torno a ideas o principios y las nuevas tecnologías posibilitan nuevas formas de participación y movilización. Hace tiempo que el resto de los mortales no entendemos las reglas de un establishment caduco y obsoleto. La ciudadanía ha despertado y comienza a entender que no es ya una cuestión de ideologías. De ahí el especial desapego hacia el sistema.
 
Tenemos un sistema empresarial proteccionista y cortoplacista, sin verdaderos líderes (salvo excepciones claro) que dirijan el rumbo de este país. También existe la convicción de que el jefe siempre es el malo, de alguna forma demonizamos al superior y éste, lejos de convertirse en líder, no hace muchos esfuerzos que digamos. Aquí mando yo, que dicen algunos. Además, la cultura del pelotazo y el capitalismo de amiguetes siguen estando a la orden del día. Las pymes y autónomos, verdadero motor de este país, tienen poca o nula facilidad de crédito y financiación, por no hablar de los costes laborales y de contratación (los más altos de Europa). Falta de innovación y desarrollo, y mayor apoyo a emprendedores son otras necesidades que quedan aún en el tintero. Hay también una burbuja actual con el término emprendedor, gente con muchísimo talento intentando sacar adelante su idea, quizá lo que no funciona es el contexto. Es un problema de fondo.
 
Por último, culturalmente nos hemos quedado en un estado inmóvil e involutivo. No hablo de títulos, vaya por delante. Hemos sustituido nuestros modelos culturales por otros mediáticos, verdadero pan y circo del pueblo. El modelo educativo es, simplemente, anacrónico. Gente cada vez más formada pero sin opciones en un mercado laboral cada vez más global y competitivo. En cuanto al modelo universitario, ninguna de nuestras universidades (con la excepción de algunas escuelas de negocio) se encuentra entre las mejores del mundo. Si esto pasase con nuestros equipos de fútbol, se produciría un verdadero tsunami social.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Spanish talent

Creo muchísimo en el talento y en la meritocracia. Es una convicción personal, una filosofía de vida si se prefiere. No concibo este mundo si no es alrededor de los mejores, sobre los cuales se construye siempre el futuro. Son ellos los que hacen progresar una sociedad, aunque en muchas ocasiones no lo concibamos así. Y en España hay muchísimo talento, sí. Es un hecho. Nos llaman la generación mejor preparada. Gente con un potencial desaprovechado por culpa de las murallas mentales y un establishment que no está dispuesto a cambiar. Quizá el problema fundamental radique en cómo se reparte ese talento. Me explico.
 
Buena parte de ese Spanish talent, en muchos casos formado con dinero público, se encuentre en estos momentos fuera de nuestras fronteras, cuando en este preciso momento nos harían mucha más falta intramuros. Haciendo un pequeño repaso, sin querer olvidarme de nadie y que me perdonen por anticipado los que faltan, me vienen a la cabeza dos nombres: Juan Verde, que a base de creer en su particular sueño americano, ha llegado a ser asesor de Barack Obama y una de las personalidades más influyentes de la comunidad latina; y Bernardo Hernández (ex-director mundial de marketing de Google y emprendedor por naturaleza: elidealista.com, Tuenti, Fever, 11880, floresfrescas... la lista es interminable), ahora centrado en convertir Flickr en el carrete digital de la mano de Yahoo. En mi estrecha cabeza no cabe como gente de este nivel supremo no tiene sitio aquí, haciéndonos crecer como país y como sociedad.  Haciéndonos mejores y más competitivos, y no a base de trabajar más por menos. Vaya por delante, que también en España tenemos excelentes excepciones, véase el chef madrileño David Muñoz (me parece de lo mejor que he visto en mucho tiempo), el televisivo y siempre punzante Risto Mejide (ha sabido convertirse en su propio producto), deportistas como Rafa Nadal, Marc Márquez... Pero al final son excepciones, lo lógico es que buena parte de la gente con más talento de nuestro país sea aprovechado por terceros. Como si nos sobrara en estos momentos.
 
Posibles explicaciones que nos hagan comprender tales hechos puede haber, y seguro las hay, muchas. Que si fuera pagan más, que si aquí no se valora a la gente... Pero yo voy a quedarme con dos: En España no digerimos bien el éxito del vecino, de hecho creo que nos hemos convertido en un país mimético. Añoramos lo que tiene el de al lado: coche, casa, vacaciones, novia, mismos estudios universitarios o igual nivel adquisitivo. Y el éxito no es más que otro atributo a intentar mimetizar, sin entender el proceso que ha llevado a una persona hasta la cima. Por otro lado, nuestro modelo educativo es caduco y obsoleto, anacrónico diría yo, y no en la línea de tener gente cada vez mejor formada sino en su inserción posterior en el mercado laboral, en un mundo cada vez más global donde la universidad y la empresa están totalmente desconectados y hablan diferentes idiomas. Seguimos formando gente que se aprende los temas de memoria y los vomita el día del examen. Es más, se trabaja poco la empatía y hay muy poca cultura empresarial. Nos han formado en la burbuja del éxito y muy poco en la cultural del fracaso y la superación de la adversidad, como sucede en muchos otros países. Perder el miedo a caer al vacío se penaliza demasiado en España.
 
Termino ya. Hace poco el autor de Españistán, Aleix Saló, decía en una entrevista (y cito textualmente): "Mi generación es tan útil como un Ferrari  en un camino de cabras". Frase lapidaria donde las haya, pero quizá muchos de nosotros (me incluyo) nos sentimos perfectamente identificados.

sábado, 7 de marzo de 2015

La revolución digital

En un mundo dominado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y con una economía de mercado cada vez más global e interconectada entre sí, asistimos en los últimos años a un proceso que podríamos denominar "revolución digital", término que para nada nos es nuevo pero que quizá en los últimos años ha producido entre nosotros y, lo más importante, a todos los niveles, profundos cambios en nuestro modus vivendi y en la manera que tenemos de relacionarnos. Me viene a la cabeza cómo el móvil o las plataformas de mensajería instantánea han pasado a dominar buena parte de nuestro tiempo e incluso han llegado a marcar nuestro propio ritmo diario.
 
Hoy en día (Nowadays or Today que dirían los norteamericanos), somos una sociedad hiperconectada, fundamentalmente gracias al móvil y las tablets, y tremendamente preocupada por nuestra imagen digital. Que nadie ose decir nada malo de nosotros en las redes sociales o ponga un comentario negativo sobre nuestra actividad. Parece cada vez más una relación de apariencias que de fondo. Pero volvamos al tema.
 
Esta revolución digital ha roto por completo determinados sectores, véase medios de comunicación, turismo, empresa, comercio y publicidad, entre otros. Éstos y también otros muchos, han sufrido un verdadero proceso de innovación y adaptación al medio en la forma de hacer y de decir, aunque el camino no ha sido precisamente rápido y sencillo. Algunos han tenido que verse al borde del precipicio para adaptarse a las nuevas realidades de este mundo cada vez mucho más digital. La red ha democratizado también a la clientela y su forma de interactuar con las marcas, las redes sociales han sido el cómplice perfecto que ha posibilitado precisamente esta democratización. Hemos pasado de ser consumidores de información a convertirnos en makers. Pero a la vez, dejamos de comunicarnos de uno a uno para pasar a comunicarnos de muchos a muchos. Radica aquí, por tanto, una de las principales diferencias.
 
Esta nueva revolución industrial, lejos de comparaciones con tiempos pretéritos, nos conduce a un nuevo universo de posibilidades en infinidad de campos. Quizá nos falte acompasar esta revolución al mundo de la empresa y la cultura empresarial (especialmente en España). Seguimos formando perfiles que no atienden a las necesidades del mercado global en el que vivimos. También nos siguen educando de una forma anacrónica a como están evolucionando los tiempos. Afortunadamente, existen cada vez más ejemplos para la esperanza.