lunes, 11 de septiembre de 2017

Somos el 99%

Hace unos pocos días cayó en mis manos un libro de esos que te cambian la concepción que tenías hasta ese momento del mundo. Reconozco que era una de esas lecturas que siempre tienes pendiente, pero que nunca encuentras el momento de empezar. Se trata de "La gran brecha" de Joseph E. Stiglitz, nada menos que Premio Nobel de Economía en 2001.
 
A lo largo de sus cuatrocientas y pico páginas, Stiglitz argumenta que la desigualdad no es inevitable, ni es consecuencia de leyes inexorables de la economía. Es una cuestión de políticas y estrategias. Resulta sorprendente como un 1%, o incluso menos (puede que un 0,1%), posea los recursos económicos necesarios del 99% restante, entre los que nos hallamos la inmensa mayoría de la ciudadanía, por mucho que haya gente que no lo crea y siga dividiéndose en derechas e izquierdas.
 
Una gran brecha separa a los muy ricos de los demás, y esa desigualdad, hoy en el centro del debate económico y político, se ha convertido en una preocupación cada vez más acuciante incluso para ese famoso 1 por ciento privilegiado, que empieza a ser consciente de la imposibilidad de lograr un crecimiento económico sostenido si los ingresos de la inmensa mayoría están estancados. La desigualdad es la mayor amenaza para la prosperidad. Es imposible dejar atrás estos años durísimos si la recuperación económica no es sostenible y llega a ese 99%, estimulando el crecimiento e incrementando las oportunidades y la igualdad. No estamos tanto ante una cuestión ideológica sino ante una nueva forma de abordar la política económica, máxime en una época definida por el cansancio de la ciudadanía hacia la política y ante la incertidumbre económica. Somos ese 99%, que nadie lo olvide.

domingo, 20 de agosto de 2017

¿Meritocracia o inteligencia emocional?

La meritocracia es una forma de gobierno basada en el mérito, y en términos más generales, se refiere a la discriminación positiva por méritos. Las posiciones jerárquicas son conquistadas con base en el mérito, y hay un predominio de valores asociados a la capacidad individual o al espíritu competitivo, tales como, por ejemplo, la excelencia en educación o deportes. Al menos eso dice la Wikipedia.
 
El concepto de meritocracia fue acuñado, en su versión moderna, en 1958 por el sociólogo y activista laborista británico Michael Young en su libro The rise of the meritocracy, 1870-2033: An essay on education and equality (El  triunfo de la meritocracia, 1870-2033: ensayo sobre educación e igualdad). La fórmula “Coeficiente Intelectual + Esfuerzo = Mérito” constituye la forma de validación de los privilegios obtenidos por la nueva clase dominante. Meritocracia es, en resumen, un término acuñado por Young “para designar el gobierno por aquéllos considerados como poseedores de méritos; mérito se equipara con inteligencia más esfuerzo, quienes lo poseen son identificados a temprana edad y son seleccionados para una educación intensiva adecuada".
 
Sin embargo, creo que el concepto de meritocracia está anticuado y el mundo debe regirse por otros parámetros. De poco nos sirve un cerebro brillante y un elevado cociente intelectual si no entendemos de empatía, si no sabemos leer las emociones propias y ajenas, si somos extranjeros de nuestros propios sentimientos y nos falta una conciencia social donde aprender a conectar, a gestionar el miedo, a ser asertivos… Creo que el mundo necesita de otro tipo de gobierno basado no tanto en el mérito, sino en la inteligencia emocional. Os recomiendo encarecidamente un libro: "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman. Seguro que no os deja indiferentes.

viernes, 19 de mayo de 2017

Transformación Digital

Os dejo un vídeo donde Bernardo Hernández, todo un referente en innovación y emprendimiento, habla de transformación digital.

miércoles, 19 de abril de 2017

Un nuevo paradigma educativo

Uno de los sectores que menos ha evolucionado en los últimos tiempos es el educativo. Actualmente, vivimos cambios constantes en materia tecnológica, empresarial, cultural, política, etc. Los tiempos están cambiando, que cantaba Bob Dylan. Pero, por increíble que parezca, el modelo educativo resiste atrincherado, sin ganas de evolucionar, anclado en el pasado de forma ilógica. Si Fray Luis de León volviese a dar clase, probablemente podría hacerlo bajo los mismos parámetros: cogería una tiza y de manera jerárquica comenzaría la instrucción a sus alumnos. Poco ha cambiado desde entonces. Entrar en clase se asemeja a entrar en un túnel del tiempo. Parece que estoy viendo a mis padres recitar la lista de los reyes godos. Los chicos de hoy en día se aburren en clase precisamente porque odian ese papel jerárquico del profesor que les dice lo que tienen que aprender y lo que no, para vomitarlo el día del examen y que les puntúen con una cifra. Algo que realmente no sirve para mucho en el mundo actual. En la Wikipedia encuentran solución a la mayoría de sus dudas y papá Google hace el resto. Sin embargo, en la vida hay algo más que cifras, otros modelos educativos de otros países forman a su gente en base al desarrollo de sus habilidades, las conocidas "skills" que dicen los anglosajones. Y que decir de la empatía, el trabajo en equipo, el liderazgo... Se trabajan muy poco y son imprescindibles.
 
Independientemente de esto, necesitamos abrazar con fuerza un nuevo paradigma educativo que haga pensar más y memorizar menos al alumno, centrado sobre todo en la ciencia y tecnología, aunque sin despreciar por ello las humanidades y artes. Pensemos por donde discurre el mundo y adaptemos nuestro modelo educativo a lo que nos está demandando la sociedad. Solamente desde el cambio de paradigma educativo podremos avanzar como sociedad. No tiene ningún sentido seguir formando abogados, economistas... cuando el mercado laboral demanda otro tipo de profesiones, alguna de las cuales aún ni siquiera está inventada. Es necesaria una parada en el camino, para hacer un análisis exhaustivo de lo que realmente necesita este mundo y adaptar nuestro modelo a tal fin. 

domingo, 19 de febrero de 2017

El factor actitud

Soy un gran aficionado a los TED Talks, me parecen una forma diferente y rápida de aprender sobre cualquier tema, con una gran inmediatez y claridad de ideas acorde con los nuevos tiempos. Incluso suelo verlos en versión original, sin subtítulos, para no perder ningún matiz. La forma de enseñanza tradicional está tan anclada en el pasado que estos formatos demuestran que la sociedad va muy por delante del sistema educativo. Son capaces de transmitir en pocos minutos mucho más que en muchas clases universitarias. La transmisión del conocimiento en abierto es ya una realidad confirmada.
 
Hace poco encontré este vídeo en YouTube de Víctor Küppers, que quiero compartir con todos vosotros, creo que merece verdaderamente la pena. En él se habla de una valor diferencial con respecto a los conocimientos y aptitudes: el factor actitud. Espero que lo disfrutéis.