viernes, 26 de junio de 2015

Boom gastronómico

Decir que nuestro país es un referente a nivel internacional en materia gastronómica y agroalimentaria no es decir precisamente nada nuevo. De hecho, si por algo somos mundialmente conocidos, a parte de nuestra actividad turística, es precisamente por la calidad de nuestros productos y el nivel de nuestra gastronomía. Son quizá nuestros mejores embajadores.
 
Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a un verdadero boom en materia gastronómica con la innegable ayuda de los medios de comunicación y una mayor cultura gastronómica a nivel nacional. Abundan los reportajes y programas televisivos especializados de cocina, incluso para los más pequeños, muchos de los cuáles ya no quieren ser de mayor futbolistas sino cocineros importantes. Se multiplican las escuelas de cocina y los estudios relacionados, se abren restaurantes y se celebran ferias gastronómicas o de tapas por toda la geografía nacional. Se han popularizado las catas de vino, queso y cervezas artesanales, y los mojitos y gintonics se han puesto de moda, sin olvidarnos de la tortilla de patata y el jamón.
 
Por otro lado, cada vez hay mayores reconocimientos nacionales e internacionales para muchos de nuestros restaurantes y cocineros, algunos de los cuales ocupan cada vez mayor presencia en los medios de comunicación, son los nuevos reyes de la pequeña pantalla. También se ha popularizado, en tiempos de crisis, la creación de negocios relacionados como refugio ante la crisis (restaurantes, gastrobares, tiendas gourmet...).
 
Además, nuestros productos se exportan cada vez en mayor número y calidad, consumiéndose en medio planeta. Nuestra gastronomía se está convirtiendo en nuestra principal tarjeta de presentación. Hoy en día todo el mundo conoce a los Ferrán Adriá, Quique Dacosta, David Muñoz, Arzak, Berasategui, Chicote, José Andrés... Son marcas consolidadas y buques insignia de nuestra cocina. Verdaderos abanderados de este boom gastronómico. ¿Estamos ante una burbuja gastronómica?

domingo, 14 de junio de 2015

Más ideas y menos títulos

El modelo educativo de nuestro país vive entre la involución constante y el anacronismo, sigue siendo una especie de estructura demasiado jerárquica y poco práctica, totalmente desconectada del mundo en el que vivimos y centrada en la preparación de cerebros alienados para la preparación de oposiciones.
 
Nos han formado dentro de un modelo rígido, poco empático, y tremendamente obsesionado con el ejercicio de memorizar, que no de aprender. Formamos demasiada gente capaz de tragarse demasiados tomos a modo de recetas mágicas, que vomitamos hasta la última coma en el examen final. Preguntamos poco y mal. Nuestro modelo es poco práctico y demasiado teórico.
 
A esto hay que sumar que somos una generación acostumbrada a coleccionar títulos, como quién colecciona propiedades inmobiliarias, algo bastante habitual en nuestro país. Se apodera de nosotros una especie de coleccionismo ilustrado que nos hace olvidar la verdadera razón de ser del modelo educativo. Además, nos enseñan, mejor dicho instruyen, para no cuestionarnos absolutamente nada. Solamente se trata de ser auténticos "traga-libros" que adornan las paredes de nuestra habitación con una colección de diplomas que al empleador simplemente le da igual, porque lo que busca es mano de obra cualificada o sin cualificar. De ahí viene en parte la frustración de toda la llamada generación mejor formada de este país, que busca acomodo fuera de nuestras fronteras.
 
¿Por qué seguimos educándonos en un sistema tan obsoleto? ¿Por qué un papel tan jerárquico del profesorado? ¿Por qué no adaptarnos a las profesiones del futuro y dejar de producir hornadas de gente solamente con un título que es papel mojado? El sistema, me da igual profesorado que establishment como tal, aún no se ha dado cuenta que los chavales se aburren en clase porque tienen a su alcance mucha más información en la Wikipedia. Talento potencial desaprovechado por hacerles estudiar cosas que no le servirán de nada en el futuro. Más ideas y menos títulos.
 
Poco a poco, no sin retraso a comparación de otros países, empezamos a utilizar las plataformas de enseñanza online y los cursos en abierto (MOOCs). Nos llevan años de ventaja en otros sitios, pero se vislumbra un nuevo sistema de conocimiento. Afortunadamente, en España hay excepciones como las Escuelas de Negocios, algunas de las cuales se encuentran entre las mejores a nivel mundial. Otra cosa es el precio y la exclusividad que ofertan. No todo el mundo accede a ellas y no todo el mundo puede permitírselas. Como punto final un apunte, ninguna de nuestras universidades se encuentra entre las mejores del mundo, si se tratase de nuestros equipos de fútbol estoy convencido que pondríamos el grito en el cielo. El futuro de este país pasa por resetear el sistema educativo.