Decir que nuestro país es un referente a nivel internacional en materia gastronómica y agroalimentaria no es decir precisamente nada nuevo. De hecho, si por algo somos mundialmente conocidos, a parte de nuestra actividad turística, es precisamente por la calidad de nuestros productos y el nivel de nuestra gastronomía. Son quizá nuestros mejores embajadores.
Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a un verdadero boom en materia gastronómica con la innegable ayuda de los medios de comunicación y una mayor cultura gastronómica a nivel nacional. Abundan los reportajes y programas televisivos especializados de cocina, incluso para los más pequeños, muchos de los cuáles ya no quieren ser de mayor futbolistas sino cocineros importantes. Se multiplican las escuelas de cocina y los estudios relacionados, se abren restaurantes y se celebran ferias gastronómicas o de tapas por toda la geografía nacional. Se han popularizado las catas de vino, queso y cervezas artesanales, y los mojitos y gintonics se han puesto de moda, sin olvidarnos de la tortilla de patata y el jamón.
Por otro lado, cada vez hay mayores reconocimientos nacionales e internacionales para muchos de nuestros restaurantes y cocineros, algunos de los cuales ocupan cada vez mayor presencia en los medios de comunicación, son los nuevos reyes de la pequeña pantalla. También se ha popularizado, en tiempos de crisis, la creación de negocios relacionados como refugio ante la crisis (restaurantes, gastrobares, tiendas gourmet...).
Además, nuestros productos se exportan cada vez en mayor número y calidad, consumiéndose en medio planeta. Nuestra gastronomía se está convirtiendo en nuestra principal tarjeta de presentación. Hoy en día todo el mundo conoce a los Ferrán Adriá, Quique Dacosta, David Muñoz, Arzak, Berasategui, Chicote, José Andrés... Son marcas consolidadas y buques insignia de nuestra cocina. Verdaderos abanderados de este boom gastronómico. ¿Estamos ante una burbuja gastronómica?

