jueves, 28 de mayo de 2015

¿Y por qué no un Silicon Valley español?

Vivimos en un mundo cada vez más global y tecnológico, dónde las tecnologías de la información y la comunicación cobran cada vez mayor relevancia. Asimismo, tenemos a la generación más preparada de este país infrautilizada y con pie y medio fuera de nuestras fronteras. Seguimos apostando por un país que basa su modelo productivo en el ladrillo, el boom inmobiliario y la prestación de servicios, incapaz de desligar la economía privada del sector público y el capitalismo de amiguetes. Urge una España nueva y reinventada. Un país mucho más acorde a como avanza el mundo y que sea capaz que aprovechar el talento desaprovechado.
 
En ese panorama socioeconómico, tremendamente marcado por los tiempos que corren, me asalta la duda de si sería posible la creación de un Silicon Valley español, y la respuesta es rotunda, sí. Vaya por delante que no se trata tampoco de copiar modelos sino más bien de un cambio de paradigma, de reseteo mental si se prefiere. Las razones me parecen cuanto menos claras y concisas.
 
En primer lugar, este país necesita resetearse y cambiar su modelo productivo. Es lo que Javier Santiso, profesor de Esade, denomina la "España 3.0", un país perfectamente posible dónde no sólo existan autónomos y parados, sino las empresas más punteras y grandes, tecnológicas e industriales, capaces de emplear a miles de personas y abanderar un cambio económico y empresarial. Un país dónde sea posible un camino hacia el futuro con el pasaporte hacia el éxito asegurado.
 
En segundo lugar, se trata de retener y también de atraer al mayor talento posible, alrededor del cual es perfectamente factible crear algo importante e innovador. No sería la primera vez que en este país creamos precisamente un clima favorable en ese sentido, pensemos en el deporte o en la gastronomía. Si hoy somos un referente en esos campos es por la inversión, no solamente económica, que durante décadas hemos realizado desde los sectores público y privado. Recogemos ahora el fruto al esfuerzo dedicado durante tanto tiempo por deportistas y cocineros que arriesgaron en su día por crear escuela.
 
Por último, es necesario emprender un cambio de rumbo hacia una economía diferente, creativa, digital e industrial, que permita la creación de puestos de trabajo, directos e indirectos, y lo más importante, de calidad. La revolución industrial ya está aquí y llegó para quedarse, ¿de verdad vamos a desaprovecharla?. Ante la España de aeropuertos vacíos y rotondas inútiles, se hace necesaria una reinvención económica, empresarial, cultural y digital. Lanzo humildemente desde aquí el guante, para quién quiera recogerlo: ¿Y por qué no un Silicon Valley español?

viernes, 15 de mayo de 2015

Nosotros, los jóvenes

Hoy hace cuatro años del tsunami social del 15M, cuatro años desde que la gente joven se cansó de este sistema absurdo que no nos representa. Vaya por delante que esto no va de ideologías, nunca he creído en ellas, nublan demasiado la vista y no dejan avanzar a la razón humana. Prefiero la palabra, es mucho más poderosa, dónde va a parar.
 
Hoy hace cuatro años que comenzó un período de redefinición social y política en este país, de búsqueda de reafirmación y de espacios de encuentro. Hay quién se lo tomó a broma, como si fuese algo pasajero, sin importancia. Me gustaría saber que opinan precisamente ahora los que les empieza a temblar el suelo.
 
Algunos no se han enterado que nosotros somos el futuro, el presente que vivimos solamente es el primer paso en la avenida del progreso. Algunos siguen sin creer que la única solución posible para este país pasa por la gente más joven, la generación más preparada que ha visto nunca España. Pero les da miedo apostar por las ideas y la sociedad del conocimiento. No ven más allá de la baldosa que pisan.
 
Sin talento y sin meritocracia esto no tiene ningún atisbo de futuro. El grado de desarrollo de un país no se mide por el número de autopistas que construye o por el número de aeropuertos infrautilizados que posee. Se mide por la capacidad de innovación que es capaz de implementar en su modelo económico, por su modelo social y educativo y, sobre todo, por la capacidad de atraer talento hacia él, evitando que la cantidad de mentes maravillosas que poseemos se vean obligadas a cruzar la frontera en busca de oportunidades negadas intramuros. El talento que no utilizas lo utilizan otros, y además no vuelve, no es un boomerang.
 
Padecemos una lacra mental que coloca al frente de nuestros asuntos al tonto del pueblo y desaprovecha, incomprensiblemente, al más capacitado. Las murallas mentales son generalmente difíciles de derribar. Pero que nadie tenga duda que al final y, a pesar de la herencia que nos dejan, nosotros los jóvenes guiaremos nuestro futuro.