Vivimos en un mundo cada vez más global y tecnológico, dónde las tecnologías de la información y la comunicación cobran cada vez mayor relevancia. Asimismo, tenemos a la generación más preparada de este país infrautilizada y con pie y medio fuera de nuestras fronteras. Seguimos apostando por un país que basa su modelo productivo en el ladrillo, el boom inmobiliario y la prestación de servicios, incapaz de desligar la economía privada del sector público y el capitalismo de amiguetes. Urge una España nueva y reinventada. Un país mucho más acorde a como avanza el mundo y que sea capaz que aprovechar el talento desaprovechado.
En ese panorama socioeconómico, tremendamente marcado por los tiempos que corren, me asalta la duda de si sería posible la creación de un Silicon Valley español, y la respuesta es rotunda, sí. Vaya por delante que no se trata tampoco de copiar modelos sino más bien de un cambio de paradigma, de reseteo mental si se prefiere. Las razones me parecen cuanto menos claras y concisas.
En primer lugar, este país necesita resetearse y cambiar su modelo productivo. Es lo que Javier Santiso, profesor de Esade, denomina la "España 3.0", un país perfectamente posible dónde no sólo existan autónomos y parados, sino las empresas más punteras y grandes, tecnológicas e industriales, capaces de emplear a miles de personas y abanderar un cambio económico y empresarial. Un país dónde sea posible un camino hacia el futuro con el pasaporte hacia el éxito asegurado.
En segundo lugar, se trata de retener y también de atraer al mayor talento posible, alrededor del cual es perfectamente factible crear algo importante e innovador. No sería la primera vez que en este país creamos precisamente un clima favorable en ese sentido, pensemos en el deporte o en la gastronomía. Si hoy somos un referente en esos campos es por la inversión, no solamente económica, que durante décadas hemos realizado desde los sectores público y privado. Recogemos ahora el fruto al esfuerzo dedicado durante tanto tiempo por deportistas y cocineros que arriesgaron en su día por crear escuela.
Por último, es necesario emprender un cambio de rumbo hacia una economía diferente, creativa, digital e industrial, que permita la creación de puestos de trabajo, directos e indirectos, y lo más importante, de calidad. La revolución industrial ya está aquí y llegó para quedarse, ¿de verdad vamos a desaprovecharla?. Ante la España de aeropuertos vacíos y rotondas inútiles, se hace necesaria una reinvención económica, empresarial, cultural y digital. Lanzo humildemente desde aquí el guante, para quién quiera recogerlo: ¿Y por qué no un Silicon Valley español?
Interesante reflexión. Yo agregaría una neutralización (eufemismo yanqui) de una buena parte del dinotegido cromañoempresarial.
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