Parece evidente que nuestro país necesita una serie de cambios profundos y sin ningún tipo de divagaciones, que nos ayuden a salir del atolladero en el que nos encontramos actualmente. Sin ánimo de hacer una lista interminable, el momento actual está para eso, me limitaré a apuntar solamente aquellos que me parecen de mayor importancia.
En primer lugar, sin entrar en el tema de las listas abiertas y de la ley electoral, creo que el problema fundamental de la política tradicional radica en que siguen mirándose frente a frente y retándose, sin entender que el tablero político ha cambiado y las piezas de ese ajedrez metafórico, vulgo ciudadanía, nos hemos ido hace tiempo porque nos aburren y desesperan. Se buscan nuevas reglas y entrarán también a jugar nuevos players.
En materia social, se han venido abajo todos aquellos derechos que consiguieron nuestros padres y abuelos. Además, nuestra capacidad de esfuerzo no es ni de lejos la suya. Existe una gran confrontación entre el debe y el haber de todas las formaciones políticas. La oferta y la demanda sociales están completamente desacompasadas, especialmente en unos momentos tan duros como los actuales. Las personas parece que importan menos que los bancos.
La sociedad avanza a un ritmo superior al resto de ámbitos, va muy por delante de las esferas políticas, financieras, jerárquicas... y demanda un nuevo escenario civil. Avanzamos en torno a ideas o principios y las nuevas tecnologías posibilitan nuevas formas de participación y movilización. Hace tiempo que el resto de los mortales no entendemos las reglas de un establishment caduco y obsoleto. La ciudadanía ha despertado y comienza a entender que no es ya una cuestión de ideologías. De ahí el especial desapego hacia el sistema.
Tenemos un sistema empresarial proteccionista y cortoplacista, sin verdaderos líderes (salvo excepciones claro) que dirijan el rumbo de este país. También existe la convicción de que el jefe siempre es el malo, de alguna forma demonizamos al superior y éste, lejos de convertirse en líder, no hace muchos esfuerzos que digamos. Aquí mando yo, que dicen algunos. Además, la cultura del pelotazo y el capitalismo de amiguetes siguen estando a la orden del día. Las pymes y autónomos, verdadero motor de este país, tienen poca o nula facilidad de crédito y financiación, por no hablar de los costes laborales y de contratación (los más altos de Europa). Falta de innovación y desarrollo, y mayor apoyo a emprendedores son otras necesidades que quedan aún en el tintero. Hay también una burbuja actual con el término emprendedor, gente con muchísimo talento intentando sacar adelante su idea, quizá lo que no funciona es el contexto. Es un problema de fondo.
Por último, culturalmente nos hemos quedado en un estado inmóvil e involutivo. No hablo de títulos, vaya por delante. Hemos sustituido nuestros modelos culturales por otros mediáticos, verdadero pan y circo del pueblo. El modelo educativo es, simplemente, anacrónico. Gente cada vez más formada pero sin opciones en un mercado laboral cada vez más global y competitivo. En cuanto al modelo universitario, ninguna de nuestras universidades (con la excepción de algunas escuelas de negocio) se encuentra entre las mejores del mundo. Si esto pasase con nuestros equipos de fútbol, se produciría un verdadero tsunami social.


