miércoles, 11 de marzo de 2015

Spanish talent

Creo muchísimo en el talento y en la meritocracia. Es una convicción personal, una filosofía de vida si se prefiere. No concibo este mundo si no es alrededor de los mejores, sobre los cuales se construye siempre el futuro. Son ellos los que hacen progresar una sociedad, aunque en muchas ocasiones no lo concibamos así. Y en España hay muchísimo talento, sí. Es un hecho. Nos llaman la generación mejor preparada. Gente con un potencial desaprovechado por culpa de las murallas mentales y un establishment que no está dispuesto a cambiar. Quizá el problema fundamental radique en cómo se reparte ese talento. Me explico.
 
Buena parte de ese Spanish talent, en muchos casos formado con dinero público, se encuentre en estos momentos fuera de nuestras fronteras, cuando en este preciso momento nos harían mucha más falta intramuros. Haciendo un pequeño repaso, sin querer olvidarme de nadie y que me perdonen por anticipado los que faltan, me vienen a la cabeza dos nombres: Juan Verde, que a base de creer en su particular sueño americano, ha llegado a ser asesor de Barack Obama y una de las personalidades más influyentes de la comunidad latina; y Bernardo Hernández (ex-director mundial de marketing de Google y emprendedor por naturaleza: elidealista.com, Tuenti, Fever, 11880, floresfrescas... la lista es interminable), ahora centrado en convertir Flickr en el carrete digital de la mano de Yahoo. En mi estrecha cabeza no cabe como gente de este nivel supremo no tiene sitio aquí, haciéndonos crecer como país y como sociedad.  Haciéndonos mejores y más competitivos, y no a base de trabajar más por menos. Vaya por delante, que también en España tenemos excelentes excepciones, véase el chef madrileño David Muñoz (me parece de lo mejor que he visto en mucho tiempo), el televisivo y siempre punzante Risto Mejide (ha sabido convertirse en su propio producto), deportistas como Rafa Nadal, Marc Márquez... Pero al final son excepciones, lo lógico es que buena parte de la gente con más talento de nuestro país sea aprovechado por terceros. Como si nos sobrara en estos momentos.
 
Posibles explicaciones que nos hagan comprender tales hechos puede haber, y seguro las hay, muchas. Que si fuera pagan más, que si aquí no se valora a la gente... Pero yo voy a quedarme con dos: En España no digerimos bien el éxito del vecino, de hecho creo que nos hemos convertido en un país mimético. Añoramos lo que tiene el de al lado: coche, casa, vacaciones, novia, mismos estudios universitarios o igual nivel adquisitivo. Y el éxito no es más que otro atributo a intentar mimetizar, sin entender el proceso que ha llevado a una persona hasta la cima. Por otro lado, nuestro modelo educativo es caduco y obsoleto, anacrónico diría yo, y no en la línea de tener gente cada vez mejor formada sino en su inserción posterior en el mercado laboral, en un mundo cada vez más global donde la universidad y la empresa están totalmente desconectados y hablan diferentes idiomas. Seguimos formando gente que se aprende los temas de memoria y los vomita el día del examen. Es más, se trabaja poco la empatía y hay muy poca cultura empresarial. Nos han formado en la burbuja del éxito y muy poco en la cultural del fracaso y la superación de la adversidad, como sucede en muchos otros países. Perder el miedo a caer al vacío se penaliza demasiado en España.
 
Termino ya. Hace poco el autor de Españistán, Aleix Saló, decía en una entrevista (y cito textualmente): "Mi generación es tan útil como un Ferrari  en un camino de cabras". Frase lapidaria donde las haya, pero quizá muchos de nosotros (me incluyo) nos sentimos perfectamente identificados.

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