La Unión Europea vive momentos difíciles, motivados en parte por la recesión económica tan brutal de los últimos años, el envejecimiento progresivo de su población y la falta de expectativas laborales, mientras aparecen nuevos retos comunes que afrontar para los Estados que la integran. Tales retos son, entre otros, la política antiterrorista frente a la locura yihadista, la acogida del gran ingente de refugiados sirios y el difícil cumplimiento de acuerdos internacionales como el de Schengen. Sin embargo, no son los únicos: el desafío secesionista y absurdo catalán, la eterna crisis griega o la concreción de medidas fiscales más efectivas, son algunas de las preguntas que necesitan una urgente respuesta.
Frente a todo esto, más si cabe teniendo en cuenta que la Unión Europea es fundamentalmente monetaria (para algunos exclusivamente monetaria), son muchos los autores que han ido hilvanando la idea de una verdadera federación de Estados, al estilo norteamericano, que haga un proyecto europeo mucho más sólido e integrado, permitiendo hacer frente a los retos planteados.
En un mundo totalmente ya globalizado, sería un error pensar abordar muchos de los mencionados retos por separado, siendo quizá el momento de dar un paso más adelante, buscando lo que nos une y obviando lo que nos separa. El tiempo apremia y la posible solución podría ser caminar hacia lo que algunos denominan los Estados Unidos de Europa.
