La meritocracia es una forma de gobierno basada en el mérito, y en términos más generales, se refiere a la discriminación positiva por méritos. Las posiciones jerárquicas son conquistadas con base en el mérito, y hay un predominio de valores asociados a la capacidad individual o al espíritu competitivo, tales como, por ejemplo, la excelencia en educación o deportes. Al menos eso dice la Wikipedia.
El concepto de meritocracia fue acuñado, en su versión moderna, en 1958 por el sociólogo y activista laborista británico Michael Young en su libro The rise of the meritocracy, 1870-2033: An essay on education and equality (El triunfo de la meritocracia, 1870-2033: ensayo sobre educación e igualdad). La fórmula “Coeficiente Intelectual + Esfuerzo = Mérito” constituye la forma de validación de los privilegios obtenidos por la nueva clase dominante. Meritocracia es, en resumen, un término acuñado por Young “para designar el gobierno por aquéllos considerados como poseedores de méritos; mérito se equipara con inteligencia más esfuerzo, quienes lo poseen son identificados a temprana edad y son seleccionados para una educación intensiva adecuada".
Sin embargo, creo que el concepto de meritocracia está anticuado y el mundo debe regirse por otros parámetros. De poco nos sirve un cerebro brillante y un elevado cociente intelectual si no entendemos de empatía, si no sabemos leer las emociones propias y ajenas, si somos extranjeros de nuestros propios sentimientos y nos falta una conciencia social donde aprender a conectar, a gestionar el miedo, a ser asertivos… Creo que el mundo necesita de otro tipo de gobierno basado no tanto en el mérito, sino en la inteligencia emocional. Os recomiendo encarecidamente un libro: "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman. Seguro que no os deja indiferentes.

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